Nuevas masculinidades y nuevas feminidades

“El amor es lo único que permite a los hombres y mujeres estar de pie en un mundo en el que la gravedad siempre parece querer tirar de ellos hacia abajo… ponerlos para abajo… y hacer que se arrastren”

Stephen King

La semana pasada las redes sociales daban cuenta de una nueva denuncia de violencia contra las mujeres. El motivo de la agresión resulta tan cobarde que motiva a la reflexión como sociedad (ello sin contar que, también la semana pasada, la noticia de que una persona agredía brutalmente a otra por un cajón de estacionamiento le daba la vuelta al mundo).

Según cifras de ONU-MUJERES, una de cada tres mujeres en el mundo han sufrido algún tipo de violencia física o sexual a lo largo de su vida. En México, seis de cada diez mujeres han enfrentado un incidente de violencia alguna vez en su vida.

Coadyuvar en la reconstrucción del tejido social con base en la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres es un compromiso permanente en la lucha por la equidad de género, en la lucha por el respeto a los derechos humanos y en la lucha por una sociedad más justa para todos. Pero no una lucha que ahonde brechas, sino una que construya puentes entre hombres y mujeres.

En Veracruz, gran parte de las 4.2 millones de mujeres a lo largo y ancho de la Entidad vive una situación de injusticia e inequidad. Desde Tampico Alto hasta Uxpanapa una visión sociocultural errónea ha construido falsos paradigmas o roles que gradualmente han ido descalificando, desplazando y dificultando a las mujeres en las oportunidades de aportar y progresar. Se ha confundido nuestra sensibilidad con incapacidad y/o debilidad, nuestra entrega con sumisión y nuestra libertad con libertinaje. Por ello, la participación de la sociedad civil debe traducirse en la detección y erradicación de esa visión anacrónica que tanto daño ha hecho a nuestra sociedad, a nuestros jóvenes, a nuestros niños y, por supuesto, a nosotras las mujeres.

La violencia contra las mujeres ha escalado de manera alarmante al grado de modificar los hábitos de miles de veracruzanas, ya sea que se desarrollen en el hogar, en su trabajo o en la calle. Mas creo que con determinación y acciones concretas podemos prevenir y erradicar las conductas que tanto daño hacen como sociedad y mantienen en el rezago del que tanto nos quejamos.

Es responsabilidad de las autoridades sancionar conforme a las denuncias que se hacen al respecto y cumplir con el compromiso que asumen cuando aceptan los puestos. Sin embargo, también es nuestra obligación ciudadana. Es deber de todas y todos fomentar una cultura de respeto a los derechos humanos. La cultura de respeto a la capacidad de la persona sin importar el género. Empezar a generar consciencia social de que los tiempos han cambiado, sobre las mujeres y hombres que están peleando los mismos espacios explotando ambos nuestras capacidades, las circunstancias actuales obligan a educar a las niñas y niños y reeducarnos como adultos en las masculinidades que ayudan en casa, que cuidan a los hijos, así como en feminidades que son proveedoras en el hogar, y esto no debe afectar la percepción que se tiene de cada de uno de nosotros.

Debemos entender que el respeto en todos los aspectos, es la base fundamental para construir una sociedad más justa y con igualdad de oportunidades para hombres y mujeres. De esa manera lograremos un cambio en la visión que tenemos de los roles de género, pues perspectivas fuera de tiempo son las que han descompuesto el tejido social y trastocado los derechos  de millones de mujeres a través de la historia.

Debemos aspirar y aportar a construir y tener políticas públicas y programas que prevengan, atiendan, sancionen y erradiquen la violencia contra las mujeres. Pero debemos tener claro que de nada servirán si no fortalecemos la noción de responsabilidad, respeto y compromiso por la legalidad para tener una sociedad en la que hombres y mujeres, con sus diferencias, tengamos  igualdad.

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