Corrupción y participación ciudadana

La inmoralidad es lo que permite que algunos servidores usufructen (hagan captura) de bienes públicos en el ejercicio de sus funciones en lugar de ser dirigidos hacia los legítimos destinatarios, convirtiendo esas reiterativas prácticas en múltiples formas de corrupción, que ahora se trabaja para prevenir, detectar, investigar y sancionar; de manera eficiente y eficaz, mediante la coordinación entre las autoridades que conforman el Sistema Anticorrupción.

En casi todos los actos de corrupción se encuentran involucrados servidores públicos y particulares (personas físicas o morales). Nada justifica las malas prácticas de los funcionarios públicos o empresas que se quieren beneficiar, cuando han causado un daño y perjuicio social, sin tomar en cuenta lo principal que son las necesidades de la población más vulnerable y de quienes requieren una visible mejora en bienes y servicios.

La corrupción revela permisividad, falta de humanidad, impunidad, mediocridad.

Actualmente, los Órganos Internos de Control y las Contralorías sociales juegan un rol fundamental para señalar y dar inicio a las investigaciones, ya sea por oficio o por denuncia, siempre guardando el debido proceso y agotando todas las instancias tal y como lo señale la ley.

Se hace necesaria una formación académica más profunda de quienes se desempeñan en el ámbito público, para sustentar sus acciones y lograr finanzas sanas en las instituciones gubernamentales y por ende que se reflejen en la vida en sociedad.

La vigilancia ciudadana es la que fomentará el interés tanto del político de no corromperse y del individuo para tener mayor interés de participar de los asuntos públicos y exigir se consolide la relación gobernantes y gobernados.

En la Ética del discurso y de la acción (aludiendo a la acción comunicativa de Habermas) se encuentra la salvaguarda de los Derechos Humanos, el consenso.

Todo sujeto debe actuar y participar en la discusión y aportación de propuestas y mejores prácticas. Para ello existe el Gobierno Abierto, la Transparencia, las Contralorías Sociales, el Comité de Participación Ciudadana, la Academia, y cualquier individuo que pueda y tenga interés de aportar, ahora encontrará mayor apertura y protección para hacerlo.

Falta mucho por perfeccionar, por evitar la coacción, la violencia, por resolver conflictos y desacuerdos para lograr un entendimiento y los mejores acuerdos.

Escuchar la voz de los afectados es lograr un reconocimiento social (La Ética del Reconocimiento, Axel Honneth), pero no sólo a través del voto en una jornada electoral, sino en todo momento.

Archivo